Por: @katherinediazpe
La incertidumbre que están viviendo algunos campesinos y empresarios del sector arrocero tras la eliminación de los aranceles a la importación de arroz de Estados Unidos, me recuerda una experiencia vivida cuando apenas daba mis pininos en el periodismo.
A finales de 2007 y principios de 2008 ocurrió algo extraño en el municipio de Jaquimeyes, provincia Barahona. En el medio de comunicación para el que trabajaba recibimos varias llamadas que denunciaban un supuesto brote de una rara enfermedad que estaba matando a lugareños de forma súbita. Con el incremento de las denuncias, decidimos ir a investigar y hacer un reportaje. Fui la enviada especial.
Una vez llegamos allí, lo primero que vimos fue el desastre y la devastación que había dejado en la zona la tormenta Noel ocurrida el 29 de octubre de 2007. Mi camarógrafo, el chofer y yo nos preparamos con botas de goma y nos adentramos caminando en las principales calles del municipio. Pero ese panorama ya no le preocupaba tanto a los munícipes, la atención estaba en la angustia que les provocaba “las muertes misteriosas”.
Llegamos hasta la primera familia que perdió a uno de sus miembros “de forma extraña” como ellos lo definían. Era un adulto mayor que, según los familiares, no padecía de ninguna enfermedad, si no recuerdo mal, tenía 68 años. Y así fuimos conociendo al menos otros seis casos.
Tras nuestro reportaje y de otros colegas de otros medios, el Ministerio de Salud Pública realizó una investigación y determinó que no habían evidencias de brote epidemiológico de ningún tipo o alguna enfermedad extraña que provocara las 16 muertes que habían ocurrido hasta febrero de 2008. La investigación concluyó que las personas fallecidas tenían un cuadro clínico similar: mayores de 50 años que sintieron dolor agudo en el pecho previo a su deceso y que habían presentado complicaciones cardiovasculares por antecedentes de hipertensión y diabetes que no llevaban un control médico adecuado.
Pero otras de las coincidencias que probablemente Salud Pública no contempló en su informe, es que estos adultos mayores habían perdido sus cosechas por los embates de la tormenta Noel. Sus predios resultaron inundados, plantaciones en el suelo que estaban a punto de ser cosechadas.
Tras el informe oficial, los munícipes entonces atribuyeron las muertes a la preocupación que tuvieron estos agricultores por las pérdidas económicas que habían sufrido con la tormenta. La hipótesis que quedó en sus mentes fue que “estas personas murieron a causa de un infarto provocado por deterioro de su salud mental”.
Este símil con la situación actual del arroz puede resultar extremista para algunos de mis lectores, pero nos recuerda la importancia que tiene para los campesinos y pequeños agricultores el éxito de sus cosechas, sinónimo de sustento para sus familias y estabilidad emocional propia.
Ahora que el gobierno ha eliminado los aranceles a la importación de arroz de Estados Unidos en cumplimiento del DR-CAFTA, aunque han pasado 20 años para que estemos preparados, el tema requiere total atención y es lógico esperar que exista un plan b para proteger a nuestros campesinos y productores.