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La sostenibilidad fiscal siempre será un tema de análisis y debate político-económico sin importar el partido que gobierne el país. La razón: el recurrente déficit financiero, —se puede decir un faltante— para cubrir los pagos por servicios, intereses y amortizaciones de la deuda, cada vez más pesados, acompañado de una presión tributaria baja.
Ante esta histórica situación, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿cómo garantizar la estabilidad fiscal sin cargar con más impuestos a los contribuyentes que cumplen?
La pregunta toma mayor importancia tras el discurso del ministro de Hacienda, Magín Díaz, en el almuerzo de la Cámara Americana de Comercio (AMCHAMDR), 20 de julio de 2026, en donde dijo: “la República Dominicana necesita retomar el camino de una reforma tributaria que fortalezca las finanzas públicas y reduzca las distorsiones del sistema impositivo”.
Esta declaración responsable de su parte, aunque muy técnica exposición, en función del público asistente, la interpretamos como una señal de que el Gobierno podría estar preparando un ajuste fiscal. ¿Para cuándo? Nadie sabe
Lo que sí podemos, en paralelo, expresar son las expresiones hechas en un programa de televisión por el presidente Luis Abinader: «Aquí no hay condiciones para hacer una reforma fiscal integral. No las hay ahora mismo» (Abinader, domingo 12 de julio de 2026). De inmediato se notan contradicciones entre el jefe y el subalterno.
En mi opinión, se debería aprovechar que aún faltan dos años y medio para las próximas elecciones y emprender una reforma fiscal centrada en combatir la evasión. Esto permitiría al Gobierno captar los recursos financieros necesarios para construir nuevas obras, dar mantenimiento a muchas de las existentes y concluir, sin necesidad de nuevos préstamos, las que ya fueron iniciadas.
Sin embargo, tenemos que, antes de hablar de subir impuestos, identificar el verdadero problema estructural: la evasión tributaria y la incapacidad del sistema para convertir la actividad económica en ingresos fiscales efectivos.
Estoy convencido que reduciendo la evasión y focalizando los subsidios tendría el país mayor soberanía económica y al gobierno le iría muy bien.
Hablemos del déficit
Según las informaciones divulgadas por los medios el proyecto presupuestario para 2026 proyecta ingresos por RD$1,383,236.5 millones y erogaciones por RD$1,785,004.3 millones, generando un déficit financiero de RD$280,575.3 millones. Esta brecha evidencia una tendencia que se ha vuelto estructural: el gobierno gasta más de lo que recauda. Dentro de ese panorama, el servicio de la deuda representa una presión creciente.
Para 2026, el Gobierno Central deberá destinar RD$458,624.9 millones para cumplir compromisos previamente adquiridos, desglosados en:
RD$361,076.6 millones en intereses, $96,074.8 millones en amortizaciones y 1,473.4 millones de pesos en comisiones.
Aunque el déficit fiscal responde a múltiples factores —gasto corriente, inversión pública, obligaciones acumuladas—, el servicio de la deuda se ha convertido en una de las presiones más relevantes sobre el espacio fiscal disponible, limitando la capacidad del gobierno para expandir programas, mejorar servicios o responder a nuevas demandas sin recurrir a financiamiento adicional.
Grecia y Argentina sus deudas
La historia reciente demostró que ningún país puede sostenerse indefinidamente sobre la base de un modelo de préstamos crecientes sin fortalecer sus ingresos. Grecia y Argentina son ejemplos claros de cómo el endeudamiento se convierte en una trampa cuando supera la capacidad real de pago del Estado.
Grecia: deuda superó economía
Grecia cayó en crisis porque durante años combinó tres factores críticos: 1. Déficits fiscales permanentes: el Estado gastaba sistemáticamente más de lo que recaudaba. 2. Endeudamiento acelerado: los gobiernos financiaron ese déficit con préstamos crecientes. 3. Pérdida de confianza de los mercados.
Los inversionistas comenzaron a exigir tasas más altas y finalmente dejaron de prestarle.
El resultado fue una espiral de recortes, contracción económica y supervisión externa.
La lección es clara: cuando la deuda crece más rápido que la economía sin capacidad de recaudo, el país pierde autonomía fiscal.
Argentina: deuda y crisis de confianza
Argentina enfrentó un patrón distinto, pero igual de peligroso: 1. Ciclos de endeudamiento para cubrir déficits 2. Baja capacidad de recaudación y presión tributaria inestable 3. Crisis de confianza recurrentes que disparaban inflación, devaluación y renegociaciones de deuda
Argentina no colapsó por un solo evento, sino por la repetición del mismo esquema: más deuda sin fortalecer los ingresos del Estado.
La advertencia
La República Dominicana no está en la situación —gracias a Dios— de Grecia ni de Argentina, pero sí enfrenta señal que debe atender con responsabilidad: un déficit recurrente. Servicio de la deuda creciente. Presión tributaria baja. Evasión elevada y Dependencia de préstamos para financiar inversiones y gasto público.
El país ha manejado su deuda con disciplina, pero la tendencia no puede normalizarse. Si el endeudamiento continúa creciendo sin fortalecer los ingresos, la capacidad de pago se reduce y el riesgo fiscal aumenta.
Por ello estoy trabajando el análisis de cómo funciona reducir la evasión usando la pedagogía de Chile, México y Colombia.
La reforma fiscal que necesita el país no solo debe reconocer los límites del endeudamiento, sino también corregir las fallas que impiden que el Estado recaude lo que la economía realmente necesita.
La experiencia internacional ofrece respuestas claras.
Chile: trazabilidad y control
Chile avanzó mediante: Facturación electrónica universal. Cruce automático de información y Declaraciones pre‑llenadas
La evasión se reduce cuando la administración tributaria tiene información completa, inmediata y verificable en tiempo real.
México: fiscalización y control
México fortaleció su capacidad de recaudar con: Auditorías electrónicas. Plataformas de trazabilidad del IVA y Unidades especializadas para grandes contribuyentes
La fiscalización es más efectiva cuando se concentra en quienes representan mayor riesgo y volumen.
Colombia: analítica de datos
Colombia avanzó mediante: Analítica de datos aplicada al riesgo fiscal. Integración de bases laborales, comerciales y financieras y Facturación electrónica obligatoria
La tecnología permite detectar evasión antes de que ocurra, no solo después.
Lo que se debería hacer
Para reducir la evasión y fortalecer la recaudación, el país necesita implementar mecanismos como: Facturación electrónica universal. Trazabilidad del ITBIS. Auditorías basadas en riesgo. Integración de datos financieros. Control especializado de grandes contribuyentes y Formalización empresarial
Estas herramientas permiten recaudar más sin aumentar tasas y sin castigar a los que ya pagan.
Por último, es indispensable que los líderes políticos y empresariales asuman con seriedad este desafío y eviten politizar el proceso.
La sostenibilidad fiscal no es responsabilidad exclusiva del Gobierno ni de un sector en particular: todos han contribuido, en mayor o menor medida, al agujero que hoy enfrenta el país. Una reforma fiscal responsable exige compromiso colectivo, transparencia y la voluntad de corregir prácticas que durante años han debilitado la capacidad del gobierno para recaudar y cumplir sus obligaciones.
Grecia y Argentina muestran lo que ocurre cuando la deuda crece más rápido que la capacidad de recaudo. Chile, México y Colombia muestran cómo se reduce la evasión y se fortalece la recaudación.
Por consiguiente queremos la reforma fiscal sí, pero que paguen los evasores, sin castigar a quienes ya cumplen.
jpm-am
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