República Dominicana no retiene: expulsa (OPINION)

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Nos gusta repetir que somos el país más alegre del mundo. Que aquí se vive bueno. Que el dominicano no se rinde. Pero hay un dato que no sale en la campaña de turismo: RD no retiene, expulsa. Expulsa jóvenes, expulsa talento, expulsa madres, expulsa futuro. Y lo hace todos los días, en silencio, sin comunicados.

Un recién graduado en ingeniería gana RD$38,000. El alquiler de un apartamentico en Santo Domingo Este: RD$22,000. Sin luz, sin comida, sin pasaje. Una maestra con 15 años de servicio: RD$42,000. Un policía arriesgando la vida: RD$29,000. El mensaje es claro: tu trabajo aquí no vale. Si quieres vivir de lo que estudiaste, vete. Y se van. Por eso el aeropuerto no está lleno de turistas. Está lleno de hijos.

Aquí sales de tu casa y no sabes si vuelves. El motor te lo quitan en un semáforo. La pasola la tienes que guardar con cadena. La jeva no puede caminar de noche. Y cuando pasa, la respuesta es “eso es normal”. No, no es normal. Normal es que el Estado garantice que vuelvas vivo. Como no lo hace, la gente vota con los pies. Prefiere el frío de Boston a la bala perdida de su barrio. Prefiere el racismo de fuera a la ruleta de aquí.

El autor es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York.

SALUD Y EDUCACION DE CASTIGO

Tienes un dolor y el seguro te dice “no cubre”. Llegas al hospital y no hay cama. La receta son RD$8,000 quincenales que no tienes. El colegio público es una tanda de cuidar muchachos, no de formar. El privado cuesta RD$18,000 al mes por niño. Entonces la madre hace números: “si me voy, trabajo en lo que sea, pero mi hijo tiene escuela buena y hospital que funciona”. Y se va. Porque aquí tener un hijo es hipotecar la vida. Allá, es darle una oportunidad.

El joven ve que el funcionario roba y lo ascienden. Que el contrato se lo dan al primo. Que para poner un negocio hay que “bregar” en 7 instituciones. Que el que denuncia termina preso o muerto. Se cansa de luchar contra un sistema que premia al malo. Y decide luchar en un sistema que, con todo y defectos, al menos deja que el bueno avance. No se va por falta de amor. Se va por exceso de asco.

No hay política de primer empleo real. No hay crédito para el que no tiene garantía. No hay vivienda asequible sin sorteo. No hay transporte que no sea una guagua voladora. El Estado te cobra todo y te devuelve poco. Te pide que “creas en el país”, pero el país no cree en ti. Y cuando un sitio no cree en ti, te vas. Es instinto.

UN PAIS QUE BOTA A SU GENTE

Un país que expulsa es un país que renuncia a futuro. Porque se va el que tiene fuerza, se va el que tiene hambre de progreso, se va el que no se conforma. Se queda el que no puede irse, el que se resignó, el que vive de la remesa del que sí pudo.

Nos estamos quedando sin juventud y llenándonos de excusas. Celebramos la “diáspora productiva” porque nos da vergüenza decir la verdad: no los mandamos a estudiar fuera. Los botamos. Y ahora vivimos de lo que mandan.

República Dominicana no retiene. Expulsa. Y seguirá expulsando hasta que el dominicano pueda vivir dignamente sin tener que pedir visa.

Hasta ese día, la fila en el consulado seguirá más larga que la fila para votar. Porque la gente ya votó: votó con su pasaporte.

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