Volver da más miedo que irse (OPINION)

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Irse es lanzarse al vacío con 23 años, dos maletas y el pecho lleno de “yo puedo”. No sabes el idioma, no conoces a nadie, no tienes papeles. Y aun así te vas. Porque irse, con todo lo duro que es, tiene una ventaja: no tienes nada que perder.

Volver es distinto. Volver da más miedo que irse.

Cuando te fuiste, tu cuenta estaba en cero. Tu currículum estaba vacío. Tu vida cabía en un bulto. Si fallabas, volvías a casa de tu mamá. Ahora tienes 40 años, hipoteca a 30, dos hijos en high school, seguro médico, 401k (plan de ahorro para la jubilación patrocinado por el empleador) y una carrera que te costó una década levantar. Volver significa soltar eso para apostar por un país que te expulsó. Significa cambiar estabilidad por incertidumbre. Y el que ya tiene algo, piensa dos veces antes de tirarlo.

El autor es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York.

ALLA ERES POBRE PERO PROGRESAS

En Estados Unidos limpiaste baños y a los tres años eras supervisor. En España cuidaste viejitos y hoy tienes tu apartamento. Allá el esfuerzo rinde. Aquí vuelves con maestría, inglés y 15 años de experiencia, y te ofrecen RD$70,000 “porque el mercado está así”. Te entrevistan muchachos de 25 que te preguntan “¿y por qué duraste tanto fuera?”. Volver es aceptar que tu experiencia vale menos en tu propia tierra. Eso aterra.

Te fuiste cuando el apagón era de ocho horas. Vuelves y es de cuatro y lo celebran. Te fuiste cuando el tránsito era malo. Vuelves y ahora dura tres horas por 10 kilómetros. Te fuiste huyendo del “búscate una cuña”. Vuelves y el primo del diputado sigue siendo gerente sin saber prender una computadora. República Dominicana te pide que vuelvas, pero no te promete que cambió. Te pide que te adaptes otra vez a lo que ya no aguantas.

TUS HIJOS NO SON DE AQUI

Tú extrañas el río. Tus hijos extrañan el wifi. Tú quieres que conozcan a su abuela. Ellos no entienden por qué el Uber no llega al barrio. Tú hablas de “volver a tus raíces”. Ellos lloran porque dejarán a sus amigos, su escuela, su equipo. Volver ya no es decisión tuya. Es condena para ellos. Y ningún padre castiga a sus hijos por nostalgia.

Si te fuiste y te fue mal, compraste un boleto y volviste con la cabeza baja pero con techo. Si vuelves y te va mal, ¿a dónde regresas? ¿Vendiste todo allá. ¿Quemaste las naves. Volver es un ticket sin reembolso. Irse era un “vamos a ver”. Volver es un “o funciona o se acabó”. Por eso el que se fue, se queda. Porque el miedo a caer de nuevo es más grande que el deseo de volver.

VOLVER NO ES DE VALIENTE 

Nos dicen “el país te necesita”. Pero el país no te garantiza nada. No te garantiza seguridad, ni salud, ni justicia, ni retiro. Te garantiza bandera, bachata y calor. Y con eso no se paga el colegio en dólares.

Por eso el plan de retorno vive en el grupo de WhatsApp de la familia. Por eso se dice en diciembre con un trago en la mano: “el año que viene sí”. Pero el año que viene, la vida allá te pone otro proyecto, otro gasto, otra excusa. Y la excusa se llama miedo.

Irse fue valentía. Volver sería locura. Porque aquí se premia al que se va y se castiga al que vuelve.

Hasta que República Dominicana no sea un lugar donde volver sume y no reste, volver dará más miedo que irse. Y el que se fue, se quedará. Con la patria en el pecho y el miedo en la maleta.

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