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El Estado dominicano tiene ministerios para todo. Salud, Educación, Vivienda, Obras Públicas. Pero cuando hay un enfermo grave, cuando se cae una escuela, cuando el huracán se lleva un techo, la gente no llama al ministro. Llama a Nueva York. Llama a Boston. Llama a Madrid.
El hospital no tiene tomógrafo. El seguro no cubre la quimio. El paciente se muere en una camilla de pasillo. Entonces aparece el giro de US$2,000 de la hija en Lawrence. Paga la clínica privada, compra el medicamento y trae el médico de fuera. El Gobierno inaugura el hospital. La diáspora lo hace funcionar.
La tanda extendida no tiene almuerzo. La escuela no tiene abanicos. La maestra pide “colaboración” para la pintura. Quien resuelve es el hermano en el Bronx que manda los US$300 mensuales. Compra uniformes, paga internet, mete a los sobrinos en colegio privado. El Estado anuncia “revolución educativa”. La diáspora paga la revolución.

Pasan Fiona, Laura, Elsa. El techo de zinc vuela y Promese/CAL llega tres meses después con una promesa. La familia no espera. El primo en Perth Amboy deposita y a la semana hay blocks, varilla y cemento. El barrio se levanta porque llegaron remesas, no porque llegó el Plan Social.
EMPRENDE EL QUE SE FUE
El joven no consigue trabajo porque no tiene “cuña”. El Gobierno abre ferias de empleo para la foto. Quien de verdad genera el puesto es el dominicano en España que monta el salón, el car wash, la banca. Manda el capital, pone a la familia a administrar y deja 5 sueldos en el barrio. Eso no sale en las estadísticas del Ministerio de Trabajo. Pero llena platos.
Por qué pasa? Porque el Gobierno administra excusas. La diáspora administra soluciones. El burócrata pide licitación, estudio, comisión y foto. El dominicano de fuera ve el problema por WhatsApp a las 7am y a las 3pm ya resolvió con un MoneyGram.
Porque el Estado cobra impuestos pero no devuelve servicios. La diáspora no cobra nada y devuelve todo: medicinas, casas, títulos universitarios, tanques de agua, sillas de ruedas.
Eso significa que República Dominicana tiene dos gobiernos. Uno en el Palacio, con presupuesto y con deuda. Otro regado por el mundo, con sacrificio y con envíos. Uno promete. El otro cumple.
El día que la diáspora se canse, se apague el país. Porque aquí se gasta, pero allá se produce. Aquí se inaugura, pero allá se financia.
Cuando el Gobierno falla, la diáspora resuelve. Y lleva 40 años resolviendo lo que 40 gobiernos no han querido resolver.
Si el Estado tuviera vergüenza, por lo menos les diera las gracias sin cobrarles el ITBIS de la llamada.
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