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Eso es todo. Corto, directo, sin adorno. “Los dominicanos debemos defender a los nuestros”. Porque en política internacional la solidaridad no es romanticismo. Es supervivencia.
Defender a los nuestros no significa darle cheque en blanco. Significa entender la diferencia entre criticar para mejorar y destruir para quedar sin nada.
A Adriano Espaillat se le puede exigir más en educación, en vivienda, en transparencia. Se le debe pedir cuenta. Pero sacarlo del Distrito 13 no es “cobrarle”. Es desarmarnos. Porque cuando tumban al tuyo en Washington, no celebras. Heredas el vacío. Y el vacío lo llenan otros.
Mira el lobby judío. Mira el lobby cubano. Mira el lobby puertorriqueño. Pierdan o ganen, cierran filas cuando su congresista está en juego. Después discuten, después le reclaman. Pero primero protegen el asiento.

Los dominicanos tenemos dos millones en EE.UU. Somos la cuartta diáspora latina más grande. Pero nos cuesta entender que el poder se acumula, no se reinicia cada dos años. Si Adriano pierde, no sube “otro dominicano mejor”. Sube quien ocupe su espacio. Y ese espacio se construyó con ocho años de comités, relaciones y capital político. Se pierde en una noche.
LOS NUESTROS SON LOS QUE ABREN PUERTAS
Defender a los nuestros es defender al hijo de Gurabo que hoy puede llamar a un embajador y que le contesten. Es defender a la mamá en Santiago que recibe US$300 sin que le cobren 15% de impuesto porque alguien gritó “no” en el Capitolio. Es defender al estudiante que entró a pasantía porque vio que un dominicano llegó lejos.
Si no defendemos a los nuestros cuando tienen poder, nadie nos va a defender cuando lo necesitemos. La política es de tribus. Y las tribus que sobreviven son las que cuidan su gente en la mesa, no solo en la grada.
EL COSTO DE NO DEFENDER
No defender a los nuestros sale caro. Sale en remesas gravadas. Sale en visas más difíciles. Sale en que cuando República Dominicana necesite apoyo en un tema de Haití, narcotráfico o inversión, Washington diga: “¿Y ustedes a quién tienen allá?”.
Si Adriano cae en el Distrito 13, el mensaje es claro: los dominicanos no respaldan a los dominicanos. Y ese mensaje lo anotan todos. Después no te quejes cuando no haya nadie que meta República Dominicana en la agenda.
DEFENDER ES ESTRATEGIA, NO FANATISMO
Defender a los nuestros es el ABC de la diáspora que manda dinero, que vota, que influye. Se critica, se presiona, se mejora. Pero no se entrega el escaño.
Porque al final, “los nuestros” no son solo Adriano. Somos nosotros. Nuestras remesas. Nuestras visas. Nuestro ejemplo. Nuestro futuro.
Los dominicanos debemos defender a los nuestros. Hoy, mañana y siempre. Porque cuando abandonas al tuyo en Washington, te abandonas tú mismo en Santo Domingo.
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